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Una fiesta de quince particularmente especial para mí, que nunca olvidaré, fue la de mi amiga Kary Ledesma en Santo Domingo, República Dominicana, el país donde crecí. Su familia es muy adinerada. Fue una fiesta de 500 invitados, de etiqueta, en la casa de verano de la familia en el campo.
Yo tenía 14 años y creo que fue la primera vez que me di cuenta lo IMPORTANTE que es una fiesta de quince. Kary tenía una corte de honor completa y una torta enorme. Recuerdo lo increíblemente hermosa que estaba con su vestido de gala blanco y el cabello recogido. Parecía una princesa o una novia de ensueño.
Su chambelán, impresionantemente apuesto y alto, parecía un príncipe sacado de un libro de cuentos. Yo estaba muy impresionada, ¿se nota? Cuando bailaron el vals, parecían de la realeza. Había flores por todos lados. Hasta su nombre estaba escrito con rosas que flotaban en la piscina.

Nunca olvidaré cuando el papá de Kary le cantó una serenata que había escrito para ella, que estaba sentada en un sillón que parecía un trono. Todos se emocionaron mucho. La fiesta me inspiró mucho, aunque sabía que la mía iba a ser más sencilla. Mi mamá no tenía los medios para hacer una fiesta grande debido a nuestra situación económica. Con la ayuda de mi madrina, de todas formas tuve una gran fiesta y me sentí como una princesa. Después de todo, no se trata de cuánto cueste la fiesta de quince sino del amor que se ponga al organizarla.
¿Y tú? ¿Has ido a una fiesta de quince extravagante e inolvidable?
¡A propósito, la de la foto soy yo, vestida para la fiesta de quince de una amiga!
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